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Comienzan las sesiones por cómites - OMS Histórica


07 / 05 / 2020 | Alanis Baño, República Federativa de Brasil, U.E. San Felipe Neri

La OMS (Organización Mundial de la Salud) dentro del Modelo Ignaciano de Naciones Unidas que organiza este año la Unidad Educativa Gonzaga, tiene un desempeño importante al tener dos temas muy fundamentales para la salud del mundo a debatir.

    1. Medidas de prevención de la posible pandemia SARS COVID 1 (15 de Abril del 2003)

    2. Medidas de prevención y Abastecimiento de Medicinas a nivel mundial

El día jueves 07 de mayo se trató la primera temática del comité, después de la inauguración que se dio con las autoridades del colegio anfitrión y los representantes de los colegios invitados de la RUEI e instituciones cercanas.

Las negociaciones informales tuvieron lugar por la plataforma Zoom en donde se desarrolló con la presentación de cada delegado y abrió foro para una moción para participar en oratorias e informaciones concisas sobre el SARS que desemborazon en debates y soluciones al problema planteado. Participamos las delegaciones de: Alemania, Brasil, Canadá, China, Corea del norte, Corea del sur, Ecuador, Emiratos Árabes, España, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia, Reino Unido y Rusia. La reunión concluyo con recomendaciones de las presidentas a los delegados y deseándoles suerte para los debates de los próximos días.

¡Lo han hecho realidad. Ahora, a transformar el mundo!


Por Francisco Javier Robalino, Director Ejecutivo de la RUEI, en la inauguración del Modelo Ignaciano de Naciones Unidas – MINU 2020 | 2020-05-07

Queridos delegados a este primer Modelo Ignaciano de Naciones Unidas, MINU 2020:

¡Qué audaces son ustedes, los jóvenes, y cuánto compromiso tienen en las causas que entienden como justas!

Hace apenas unos meses, comenzábamos las conversaciones para explorar la posibilidad de desarrollar, en red, un evento académico de simulación de los trabajos que realiza la Organización de Naciones Unidas; y ahora, incluso con una pandemia que nos mantiene aislados en nuestros hogares, estamos ya inaugurándolo: ¡no se pudieron quedar quietos! Y hoy son cerca de ochenta jóvenes de 7 centros educativos, a nivel nacional, en 4 ciudades… No saben cuánta alegría me da que sean así.

¿Qué pretendemos con este MINU, Modelo Ignaciano de Naciones Unidas?

Nuestra respuesta es sencilla y contundente, pues corresponde a la misión misma de la educación que brinda la Compañía de Jesús: transformar el mundo a través ustedes, queridos chicas y chicos. Un mundo en donde todas y cada una de las personas vivan reconciliadas consigo mismas, con las demás, con la naturaleza y, por tanto, con Dios. No esperamos menos que eso.

El MINU no corresponde a una iniciativa aislada, sino que se enmarca en el modelo pedagógico de la RUEI, Red de Unidades Educativas Ignacianas, que es el conjunto articulado de los 6 centros educativos jesuitas del Ecuador. Un modelo pedagógico enfocado en la persona integral que, si bien vive en unas determinadas circunstancias fruto de su contexto, también, a su vez, es capaz de trascenderlo, -ir más allá de sí misma y de la historia, ser para los demás y con los demás, y, por tanto, compasiva, y comprometida, con esa transformación del mundo en favor de la justicia y la reconciliación.

Que lo que hoy estamos iniciando, no sea un mero ejercicio académico sino que exprese su deseo de adquirir las competencias para explicar lo que sucede en el mundo, estableciendo aquellas relaciones entre sus distintos componentes, de manera que lo conozcan con objetividad; para justificar, desde su punto de vista, secuencias reales de hechos, poniéndolos en perspectiva; argumentar su selección de conceptos, técnicas y metodologías usadas cuando interactúa con la realidad del mundo en la que viven; ser dialogante a través de propuestas integradoras y emprender iniciativas en defensa de la vida, argumentando siempre las razones de su postura, con el respeto que la diversidad de culturas y formas de pensar se merecen.

Gracias por aceptar este reto de dialogar para ser humanos y juntos construir humanidad. Bienvenidos a todos ustedes, estimados delegados y delegadas, de todas las unidades educativas participantes: Borja (Cuenca), Javier (Guayaquil), San Felipe Neri (Riobamba), San Gabriel, La Dolorosa, SEK y San Luis Gonzaga (Quito), quien hoy inicia este MINU como anfitrión de su primera edición.

Que esta transformación del mundo que hoy iniciamos, brote desde su interior, inunde de humanidad y sentido a la vida de cada uno de ustedes y nos ayude construir un cielo nuevo y una nueva tierra, donde vivamos todos con la dignidad que nos es inherente como seres humanos.

Discurso Inaugural MINU 2020


Por Carmen Cañas, Rectora U.E. Gonzaga, en la inauguración del Modelo Ignaciano de Naciones Unidas – MINU 2020 | 2020-05-07

Buenas tardes a todas las delegaciones que asisten al MINU 2020, bajo modalidad virtual, coordinado por la Unidad Educativa San Luis Gonzaga.

Este año se conmemora el aniversario número setenta y cinco de la creación de la ONU — Organización de las Naciones Unidas—.

Cuando las huellas de la devastadora segunda guerra mundial, que produjo la muerte de no menos de cincuenta millones de personas, todavía eran evidentes en casi toda Europa y en muchas regiones de Asia, el 24 de octubre de 1945, la mayoría de los cincuenta y un estados miembros signatarios del documento fundacional de la Organización, ratificaron la Carta de la ONU, que, entre otros poderes le confiere tomar medidas ante los problemas a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI; entre ellos: mantener la paz y la seguridad internacionales, proteger los derechos humanos, entregar ayuda humanitaria, promover el desarrollo sostenible y defender el derecho internacional.

Desde hace algunos años, en todo el mundo, estudiantes secundarios y universitarios ejecutan «modelos ONU», es decir, simulaciones de los trabajos que realiza la ONU, en las cuales debaten sobre temas actuales en los diferentes comités de la Organización, representando a un país y sus intereses.

En ese contexto se inscribe el MINU, Modelo Ignaciano de Naciones Unidas, implementado por la Red de Unidades Educativas Ignacianas (RUEI), como una de las estrategias que concretan su propuesta educativa basada en el modelo de persona que la Compañía de Jesús anhela formar y su desglose en impactos, específicamente en el rasgo denominado «Persona abierta al mundo y en movimiento», o sea, «aquella que, discerniendo las necesidades más urgentes de los tiempos, encuentra maneras de servir tan ricas y tan profundas como sus maneras de amar. Por ello, evoluciona desde sentimientos de caridad y compasión hacia un sentido de justicia y solidaridad, que favorezcan su contribución a cambiar las estructuras sociales injustas del mundo en el que vive».

Una «necesidad urgente de nuestro tiempo» es, precisamente, la situación de pandemia provocada por el Covid-19, una coyuntura que merece ser reflexionada, por sus repercusiones locales y globales, y por eso se la ha escogido como tema central de tratamiento en este MINU 2020.

En su homilía del 19 de abril de este año, el Papa Francisco dijo:

El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí. Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás. Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad. Aprendamos de la primera comunidad cristiana, que se describe en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Había recibido misericordia y vivía con misericordia: «Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno». No es ideología, es cristianismo.

La mención del Papa Francisco de que, como muestra de supremo egoísmo, se llega a seleccionar a las personas que deban ser salvadas, se evidencia, por ejemplo, en la declaración de un vice-gobernador en Estados Unidos, que expresó: «Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía».

La pandemia ha puesto de manifiesto la falta de liderazgo y eficacia de muchos organismos internacionales. Desacreditada ya por su complicidad estructural con las multinacionales farmacéuticas, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha carecido de suficiente autoridad para asumir, como le correspondía, la conducción de la lucha global contra la nueva plaga. Si a ello se suma el egoísmo y la falta de humanidad de la gran potencia mundial, al retirarle la entrega de fondos económicos, justamente en esta coyuntura, el panorama para ese importante comité de la ONU es sombrío. He ahí un tema de reflexión para este MINU 2020.

La covid-19 no distingue, es cierto, entre sus potenciales víctimas, pero las sociedades desigualitarias sí. Porque, cuando la salud es una mercancía, cuando se menoscaban los sistemas de salud públicos, los grupos sociales pobres, discriminados, marginalizados, explotados —los «descartados» de los que habla el Papa Francisco— quedan mucho más expuestos a la infección. ¿Podemos hablar de «confinamiento», o de «aislamiento», o de «gel desinfectante», o de «distancia de protección», o hasta de «lavarse las manos» a millones de personas que viven, sin agua corriente, hacinadas en viviendas de latas o cartones, o duermen en las calles? No hace falta sino mirar la realidad que hemos vivido estos meses en nuestro país.

Esa realidad no debe continuar así. No debería continuar así. Una gran parte de la humanidad no puede seguir viviendo en un mundo tan injusto, tan desigual y tan ecocida. Uno de los memes que más han circulado durante la cuarentena dice: «No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema».

Sin pecar de pesimismo, la historia nos enseña que, una vez vencido el azote, pasado el susto, los poderes dominantes, por mucho que se hayan tambaleado, se esforzarán por retomar el control y tratarán de hacernos regresar a la vieja «normalidad». Baste recordar lo que ocurrió con la pandemia de la «gripe de Kansas» que se extendió a todo el planeta entre enero de 1918 y diciembre de 1920: a pesar de que infectó a unos quinientos millones de personas —la tercera parte de la humanidad de la época— y mató a más de cincuenta millones de enfermos, una vez superada cuando se encontró una vacuna, no llevó a que Europa y Estados Unidos construyeran «sociedades justas». Por el contrario, las desigualdades sociales se exacerbaron.

La pandemia, sin embargo, nos ha dejado lucecitas de esperanza. El papel de médicos y enfermeras que, ante las carencias de los sistemas públicos de salud han debido erigirse como héroes en su lucha por salvar la vida de los contagiados. Cuando, en su conocida novela, Albert Camus dice que «la peste nos enseña que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio», seguramente pensaba especialmente en ellos.

Otra es, y cito al intelectual francés Ignacio Ramonet, que:

con el planeta en modo pausa, el medio ambiente ha tenido un respiro. El aire es más transparente, la vegetación más expansiva, la vida animal más libre. Ha retrocedido la contaminación atmosférica que cada año mata a millones de personas. De pronto, la naturaleza ha vuelto a lucir tan hermosa… Como si el ultimátum a la Tierra que nos lanza el coronavirus fuese también una desesperada alerta final en nuestra ruta suicida hacia el cambio climático: «¡Ojo! Próxima parada: colapso».

Ignacio de Loyola nos enseñó que el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras. Y ese debe ser el espíritu que guíe este encuentro. En la revista digital Aurora. Voces jesuitas sobre la pandemia, de la Conferencia de Provinciales en América Latina y El Caribe (CPAL), de reciente aparición, el padre Élio Gasda S.J. escribe un artículo titulado «Sin amor nada somos», del cual les comparto este bello texto, oportuno para estos tiempos:

Son tiempos de amar sin ver. Cuando es preciso ver para amar, entonces no es amor de verdad. Porque el amor siempre permanece, en la presencia y en la ausencia. Invirtamos el «ver para amar». Amar lo ausente es amor sin retribución. El cristiano no precisa ver para amar. Pero precisa amar para ver. Quien ama de verdad saborea algo de eternidad en el tiempo: el amor de Dios, a quien no se ve.

Queridos jóvenes: estoy segura de que estas jornadas de reflexión inteligente y fresca que mantendrán ustedes en los cinco comités previstos, permitirán la consecución de los objetivos propuestos para este MINU 2020. Sé que los debates serán una muestra de la diversidad cultural, religiosa, política y de pensamiento, acogida con respeto. Por eso, al inaugurar éste, el primer Modelo Ignaciano de Naciones Unidas, MINU 2020, les auguro muchos éxitos en sus participaciones.

Muchas gracias.

Sesión Inaugural MINU 2020

07 - 05 - 2020